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¿Cuál es la verdadera historia de Hachiko, el perro leal que esperó a su dueño durante 10 años?

AlterCultura

Por: PijamaSurf - 09/18/2017

La verdadera historia de Hachiko tiene lugar en 1924, cuando Hidesaburo Ueno, profesor de la Universidad de Tokio especializado en ciencia agricultural, se vio en el deseo de encontrar un compañero leal que lo liberara un poco de su soledad

La adaptación cinematográfica de Hollywood en 2009 de Hachi: A Dog’s Tale (Siempre a tu lado, Hachiko) popularizó la conmovedora historia de este perro de raza Akita que esperó el regreso de su amo durante 10 años en la estación de trenes, sin saber que éste último había fallecido. Se trató de una película que, además de provocar unas cuantas lágrimas de tristeza, habla sobre el verídico acontecimiento de un perro nacido en Japón.

La verdadera historia de Hachiko tiene lugar en 1924, cuando Hidesaburo Ueno, profesor de la Universidad de Tokio especializado en ciencia agricultural, se vio en el deseo de encontrar un compañero leal que lo liberara un poco de su soledad. Así que empezó a buscar a un perro inteligente, autónomo y valiente, características que se adecuaban a los antiguos guardianes de los emperadores: los akita. Tardó bastante tiempo en encontrar un cachorro akita, pues para la fecha escaseaban en la región. Se dice que quedaban sólo 30 ejemplares puros de la especie en todo Japón, en Odate, una ciudad en la prefectura de Akita. Ahí, Ueno escogió a su mascota y lo bautizó como Hachiko o Hachi.

Con el paso de las semanas, Ueno y Hachi se volvieron inseparables. Su amistad y lealtad mutua creció: cada día caminaban un largo tramo uno junto al otro hacia la estación de tren Shibuya, en el centro de Tokio; el profesor tomaba un tren para su trabajo y regresaba en la tarde; el perro lo esperaba en la estación para caminar juntos a casa. La rutina duró 2 años, hasta que el 21 de mayo de 1925, Ueno falleció de un derrame cerebral mientras daba una clase en la universidad. Desde ese día, Hachiko esperó largas horas a su dueño…

Y como su esposa no poseía los recursos adecuados para cuidar a Hachi, lo donó a su antiguo jardinero, con quien disfrutaría del amor de una nueva familia. Pese a ello y por sorpresa, el leal Hachi siguió esperando a su antiguo dueño en la estación del tren durante 10 años. Se dice que durante ese período, el perro tenía un semblante muy triste; sin embargo, pese a que los días, meses y años pasaron y la gente solía tenerle miedo, él decidía regresar cada mañana.

Eventualmente, un periodista y un estudiante de Hidesaburo notaron su presencia en la estación del tren, lo siguieron hasta la casa de su nuevo dueño y descubrieron la historia de gran lealtad y amistad. Comenzaron a publicar historias de Hachi en periódicos locales, las cuales lo convirtieron en una real inspiración de constancia y lealtad. Tanto, que en 1934 se erigió una estatua en frente de la estación de trenes Shibuya, con Hachi mismo como invitado principal para su inauguración.

Desgraciadamente, 1 año más tarde, el 8 de marzo de 1935, Hachiko falleció en la estación esperando lealmente a que su amigo llegara. Se le diagnosticó cáncer terminal, enterrándole al lado de su dueño en el cementerio Aoyama en Tokio. Ahora, en el noveno aniversario luctuoso de Hachiko, se honra la inquebrantable amistad entre especies que forma parte de la unicidad de la naturaleza.

Cuando Michael Foucault probó el LSD, dijo: "Es la mejor experiencia de mi vida". Aquí la historia

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Por: pijamaSurf - 09/18/2017

Una de las mentes más brillantes del siglo XX se habría transformado después de una experiencia con LSD en el desierto

Muchos tenemos la certeza de que Foucault fue uno de los filósofos e historiadores más influyentes de la segunda mitad del siglo XX. Su colega y compatriota, Pierre Bourdieu, resumió así su brillante rol: "una larga exploración de transgresión, de ir más allá de los límites sociales, siempre e inseparablemente ligado al conocimiento y al poder". Pero lo que la mayoría ignora es que en su ávida exploración, Foucault también accedió a experiencias psicoactivas por medio de sustancias. Y en esta faceta de su vida, destaca un viaje de LSD que tuvo en California. 

Este suceso, al cual Foucault se refirió como "una experiencia límite", y que incluso calificó como "la mejor experiencia de mi vida", ocurrió en 1975 cuando el francés impartía clases en la Universidad de Berkeley. Otro profesor, Simeon Wade, confesó que quería hacer un experimento: "Quería ver cómo reaccionaba una de las más grandes mentes de la historia a una experiencia que jamás había vivido". 

Buena parte de la sesión la dedicaron a observar el tránsito de Venus en el cielo. 

Fuimos a Zabriskie Point a ver la aparición de Venus. Michael colocó bocinas a nuestro alrededor, ya que estábamos solos, y escuchamos a Elisabeth Schwarzkopf cantar Las cuatro últimas canciones, de Richard Strauss. Vi a Foucault derramar lágrimas [...] Estuvimos ahí como 10 horas.

Según Wade, el viaje de ácido en el desierto cambió para siempre a Foucault. Meses después recibió una carta donde le decía que "le había cambiado profundamente la vida y la obra". Como si, a través del LSD, Foucault hubiera logrado consumar algo a lo cual había apostado durante décadas de lúcidos cuestionamientos filosóficos: transgredir la identidad impuesta por la sociedad. 

 

Aquí te compartimos una memorable entrevista con Wade sobre la catarsis lisérgica que experimentó Foucault y que habría de marcar sus últimos 9 años de vida